Comprendiendo el origen de la contaminación acústica en el océano

Las tres fuentes más importantes de la contaminación acústica en el océano son el ruido de las naves, la exploración petrolera y de  gas y el sonar militar.

El ruido de los Barcos

Grandes buques de carga internacional, los superpetroleros y los barcos de crucero están constantemente en movimiento produciendo ruidos con sus motores, hélices, generadores y  cojinetes.

El problema con estos ruidos es que domina los rangos de frecuencia entre 20 y 300Hz, el mismo rango utilizado por muchas especies de ballenas. Esto hace que sea difícil para ellos comunicarse y aun más peligrosas  para distinguir los  ruidos de los barcos con los sonidos naturales. La consecuencia de esto es colisiones accidentales, una de las principales causas de muerte de las ballenas francas en todo el mundo.

El ruido de los barcos, sobre todo cuando llega a ser demasiado constante, también puede ser una causa de que algunas ballenas abandonen sus hábitats. El problema es mayor en las zonas costeras y alrededor de los puertos con mucho movimiento.

El ruido por la Exploración Petrolera,  de Gas y Minería

La industria petrolera y de gas genera sonidos fuertes y continuos a través de operaciones de pruebas sísmicas, las tuberías y la construcción de plataformas, la remoción y perforaciones. Este problema es especialmente grave en el Golfo de México, la costa de California, el Golfo Pérsico, el Mar del Norte y la costa de Brasil.

• El ruido por las exploraciones

Las llamadas " pistola de aire array” se usa para detectar petróleo y gas natural bajo el  fondo marino usando pulsos de sonidos increíblemente fuertes dirigidas a las estructuras geológicas. Estos son algunos de los más ruidosos sonidos creados por el hombre en los océanos. Explotadas cada 10 a 60 segundos por días o meses a la vez, estas explosiones de sonido extremo puede ahuyentar a las ballenas de la zona.

• El ruido de perforaciones y extracciones

El ruido generado por la perforación y la extracción no puede ser tan fuerte como los de las pistolas de aire array", pero duran mucho más. Con el tiempo, la exposición a estos ruidos puede causar que las ballenas y otras especies marinas abandonen sus hábitats.

Sonares militares

Con el fin de detectar submarinos a grandes distancias los sistemas militares de sonar transmiten algunos de los sonidos bajo el agua más potentes.

Impulsos acústicos de alta energía se emiten y su eco es recapturado como un objetivo como parte de un arma y contra arma. Estos sistemas de alta frecuencia (más de 10 kHz) pueden transmitir pulsos de sonido a miles de metros.

Tan poderosos son los ruidos que grupos enteros de ballenas y delfines encallan en la playa para escapar del ataque auditivo. También pueden alterar los comportamientos de comunicación y de alimentación, provocar una pérdida temporal de la audición y  daños permanentes en los tejidos. Como resultado los mamíferos marinos se ven obligados a abandonar sus hábitats preferidos.

Los sistemas de sonar durante la Guerra Fría eran menos peligrosos, porque se centraban principalmente en ambientes de aguas profundas. Pero hoy los nuevos sistemas de sonares no sólo emplean nuevas tecnologías más potentes, pero con frecuencia son probados en aguas costeras poco profundas, los mismos ambientes que son el hogar de muchas ballenas en peligro de extinción y otras criaturas marinas.

Matracas de la pesca

No todos los ruidos provocados por el hombre bajo el agua son malos.

Para ayudar a prevenir que las ballenas, delfines y marsopas se enreden en los aparejos de pesca, algunas pesqueras utilizan matracas bajo el agua, conocido como emisores de ultrasonidos, para alertar la ubicación de los aparejos de pesca.

Esta nueva técnica ya ha tenido algunos éxitos notables. Por ejemplo, emisores de ultrasonidos han reducido significativamente el número de enredos de marsopas en los puertos del Golfo de Maine.

Pero al mismo tiempo estos emisores de ultrasonidos son una fuente de ruido submarino que está destinado a ser bueno para las ballenas pero debemos controlar cuidadosamente su uso y asegurarse de que no dañen a las ballenas o los lleven fuera de sus hábitats críticos.